Nos acercamos a la realidad de la serie «Upload» de Amazon Prime Video
Un video que muestra a una mosca de la fruta digital caminando, limpiándose las patas y reaccionando a estímulos se ha vuelto viral en redes sociales, generando comparaciones con escenas de ciencia ficción. Las imágenes fueron publicadas por la startup Eon Systems y rápidamente se difundieron en plataformas como X y Reddit.
La empresa describió el experimento en términos ambiciosos. Su CEO, Michael Andregg, afirmó que se trata de “un animal real subido a un sistema digital”, mientras que el cofundador Alexander Wissner-Gross lo calificó como “la primera encarnación de una emulación completa de cerebro”. Incluso sugirió que este tipo de avances podría acercar a la humanidad a una eventual singularidad tecnológica.
Sin embargo, aunque el marketing es llamativo y que detrás del proyecto sí existe un logro científico real, este último es menos espectacular de lo que algunos titulares sugieren.
El cerebro digital de una mosca
El modelo se basa en el conectoma completo del cerebro de una mosca adulta de la especie Drosophila melanogaster.
Este mapa cerebral fue publicado recientemente por el proyecto científico Flywire y representa una reconstrucción tridimensional extremadamente detallada que incluye:
- Aproximadamente 125.000 neuronas
- Alrededor de 50 millones de sinapsis
En esencia, es un mapa que muestra cómo están conectadas todas las neuronas del cerebro de una determinada mosca.
Cómo se creó la simulación
Eon Systems no “copió” un cerebro real a una computadora. En cambio, combinó varias herramientas científicas ya existentes.
Primero, el conectoma fue procesado mediante el simulador de redes neuronales de código abierto Brian2.
Luego, el cerebro digital se conectó a un modelo virtual del cuerpo de la mosca llamado NeuroMechFly, que reproduce:
- Patas
- Antenas
- Aparato bucal
Finalmente, el entorno físico se simuló con el motor de física MuJoCo.
El resultado fue una especie de “criatura digital” donde un cerebro simulado controla un cuerpo virtual.
Comportamientos similares a los de una mosca real
Cuando la simulación se ejecutó, el modelo produjo comportamientos reconocibles:
- La mosca digital caminó
- Se detuvo para limpiarse las antenas
- Reaccionó a señales químicas simuladas
Por ejemplo, cuando el sistema recibió un estímulo digital equivalente al olor del azúcar, el modelo extendió su probóscide para “lamer”.
Un avance importante, según expertos
Algunos científicos consideran que la demostración es un paso relevante en la neurociencia computacional.
El investigador Steve Furber, co-creador del procesador ARM, calificó el trabajo como “bastante impresionante”.
Furber señaló que proyectos anteriores que intentaban conectar cerebros simulados con cuerpos digitales, como modelos de ratones, resultaron demasiado complejos. Lograrlo con una mosca representa un primer paso prometedor.
Las limitaciones del experimento
Aun así, varios expertos advierten que el sistema no reproduce fielmente un cerebro biológico.
Entre las principales limitaciones se encuentran:
- El modelo funciona más como un sistema de aprendizaje automático adaptado a la estructura cerebral
- Recibe inputs (entradas) simplificados, no estímulos sensoriales reales
- La actividad neuronal no replica completamente la dinámica de un cerebro vivo
Además, existe el problema del costo computacional. Aunque los videos se ven fluidos, es muy probable que generar apenas unos segundos de comportamiento haya requerido semanas o incluso meses de procesamiento.
Un primer paso técnico, no un “animal digital”
Por ahora, el experimento no representa un organismo consciente ni un cerebro completamente emulado.
Aún estamos muy lejos de escenarios como insectos digitales controlando robots o drones.
Sin embargo, al conectar con éxito un cerebro simulado con un cuerpo virtual y producir comportamientos biológicos plausibles, el equipo ha demostrado un hito técnico real en la simulación neuronal.
Y aunque la realidad sea menos espectacular que la narrativa de ciencia ficción que muchos presentaron en redes sociales, este tipo de avances sigue mostrando cómo la neurociencia y la inteligencia artificial se acercan cada vez más a modelar sistemas biológicos complejos.

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