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  • La Administración Trump prohíbe el uso federal de Anthropic y la califica como “riesgo para la cadena de suministro”

    Claude, el nombre del modelo de Anthropic
    Claude, el nombre del modelo de Anthropic

    Un enfrentamiento violento sobre los límites éticos de la inteligencia artificial ha llegado a un punto crítico en Washington.

    El presidente Donald Trump ordenó a todas las agencias federales cesar el uso de los productos de Anthropic, la empresa detrás del chatbot Claude. Poco después, el secretario de Defensa Pete Hegseth elevó la disputa al designar oficialmente a la compañía como un “riesgo para la cadena de suministro” para la seguridad nacional.

    La directiva supone, en la práctica, la exclusión de Anthropic del gobierno federal y prohíbe a cualquier contratista, proveedor o socio militar (como por ejemplo Boeing o Northrop Grumman mantener actividades comerciales con la firma. La medida podría afectar a grandes tecnológicas que integran Claude en contratos federales, como Amazon Web Services y Palantir Technologies.

    La administración ha establecido un periodo de transición de seis meses para que agencias y fuerzas armadas migren a otros proveedores.


    El núcleo del conflicto

    Durante semanas, Anthropic y el Pentágono mantuvieron un pulso en torno a los usos permitidos de la tecnología de IA de la empresa. La disputa se originó tras un memorando emitido en enero por Hegseth en el que exigía que los proveedores de IA autorizaran el uso de sus modelos para “todos los fines lícitos”.

    Para Anthropic, esa cláusula traspasa una línea ética fundamental. Según la compañía, esa redacción podría abrir la puerta al uso de sus modelos para vigilancia masiva en territorio nacional o para el desarrollo de armas autónomas letales capaces de identificar y atacar objetivos sin supervisión humana directa.

    El CEO de Anthropic, Dario Amodei, se negó a firmar el acuerdo actualizado. En un comunicado público, afirmó que si bien la empresa no se opone en términos generales a colaborar con el ámbito de defensa, considera que “en un conjunto limitado de casos… la IA puede socavar, en lugar de defender, los valores democráticos”.

    Amodei aseguró que las presiones del gobierno no cambiarán su postura, aunque ofreció colaborar para facilitar una transición ordenada hacia otro proveedor y evitar interrupciones en misiones críticas.

    Según un portavoz de la empresa, las negociaciones finales fracasaron cuando el Pentágono introdujo formulaciones legales que, a su juicio, permitirían ignorar las salvaguardas acordadas. Tras el colapso de las conversaciones, el Departamento de Defensa lanzó un ultimátum y activó la designación de “riesgo para la cadena de suministro”, una etiqueta habitualmente reservada a adversarios extranjeros.


    Una respuesta contundente de la Casa Blanca

    La reacción de la administración fue inmediata y enérgica. En su red social, Trump acusó a Anthropic de intentar imponer sus términos de servicio al Departamento de Defensa por encima de la Constitución, y calificó a la empresa de “radical” e “ideologizada”. También advirtió que, si no coopera durante el periodo de retirada progresiva, podría enfrentar “importantes consecuencias civiles y penales”.

    Hegseth, por su parte, acusó a la compañía de anteponer la ideología de Silicon Valley a las necesidades de las fuerzas armadas y aseguró que la decisión es definitiva.

    Esta respuesta era de esperar por parte de Trump quien suele reaccionar siempre de forma colérica contra quienes se atreven a llevarle la contraria, especialmente si cree que va a poder ganarles fácilmente usando todo el poder del estado.


    Reacciones del sector tecnológico y defensores de derechos civiles

    La medida ha provocado fuertes reacciones en la industria tecnológica y en organizaciones de libertades civiles. Alexandra Givens, presidenta y CEO del Center for Democracy and Technology, advirtió que este tipo de amenazas pueden distorsionar el ecosistema de innovación y expandir peligrosamente el poder ejecutivo.

    Dentro del sector de la IA, numerosas voces han expresado su respaldo a Anthropic. Empleados de empresas competidoras como Google y OpenAI han firmado una carta abierta en solidaridad con la postura ética de la compañía.

    Aunque actores como xAI y OpenAI habrían aceptado las nuevas condiciones del Pentágono, el panorama sigue evolucionando. Según informes, OpenAI estaría buscando renegociar sus términos para incorporar límites éticos similares a los defendidos por Anthropic, y su CEO, Sam Altman, habría indicado internamente que la empresa también está dispuesta a trazar líneas rojas.


    Este enfrentamiento pone de relieve una tensión cada vez más profunda: la colisión entre las políticas de seguridad y ética impulsadas desde Silicon Valley y la visión del aparato militar estadounidense sobre el papel de la inteligencia artificial en el futuro de la guerra.

  • OpenAI logra victoria legal tras la desestimación de la demanda de xAI por secretos comerciales

    Logo de OpenAI
    xAI pierde otra batalla legal, esta vez contra OpenAI

    OpenAI ha obtenido una importante victoria judicial en su disputa con Elon Musk. Un tribunal federal de Estados Unidos desestimó la demanda presentada por xAI, la empresa de inteligencia artificial fundada por Musk, que acusaba a OpenAI de apropiación de empleados y robo de secretos comerciales.


    La decisión del tribunal

    La jueza federal Rita F. Lin concedió la moción de desestimación presentada por OpenAI, señalando una deficiencia clave en la demanda: no implicaba directamente a OpenAI en ninguna conducta indebida.

    En su resolución, la jueza subrayó que las acusaciones se centraban exclusivamente en las acciones individuales de ocho exempleados de xAI que se incorporaron a OpenAI, pero no demostraban que la compañía hubiera participado o dirigido dichas conductas.

    Según el fallo, la demanda “no señala ninguna conducta indebida por parte de OpenAI”.


    Las acusaciones de xAI

    La demanda incluía varias alegaciones contra exempleados:

    • Dos habrían sustraído código fuente mientras mantenían comunicación con un reclutador de OpenAI.
    • Otros conservaron chats laborales en dispositivos personales tras su salida.
    • Uno se negó a firmar certificaciones de confidencialidad.
    • Otro intentó acceder a datos internos de contratación y optimización de centros de datos después de haber comenzado en OpenAI.
    • Dos simplemente dejaron xAI para unirse a OpenAI.

    Sin embargo, el tribunal determinó que no existían pruebas de que OpenAI hubiera instruido, incentivado o utilizado supuestos secretos comerciales robados.

    Además, la demanda no logró demostrar que la información presuntamente sustraída hubiera sido empleada dentro de OpenAI.


    ¿Caso cerrado?

    No completamente.

    La desestimación se concedió con “permiso para enmendar”, lo que significa que xAI puede presentar una versión revisada de la demanda corrigiendo las deficiencias señaladas. La empresa tiene plazo hasta el 17 de marzo de 2026 para hacerlo.


    Un conflicto mayor en curso

    Este caso es solo un episodio más en la creciente disputa entre Musk y el CEO de OpenAI, Sam Altman.

    El enfrentamiento principal gira en torno a otra demanda de gran escala en la que Musk —cofundador y antiguo financiador de OpenAI— acusa a la compañía y a su socio principal, Microsoft, de haberse desviado de su misión original sin fines de lucro.

    En ese proceso, que está previsto para juicio con jurado en abril, Musk reclama entre 79.000 y 134.000 millones de dólares por supuestas “ganancias indebidas” derivadas de la transición de OpenAI hacia un modelo con fines de lucro.


    Un enfrentamiento que trasciende los tribunales

    Más allá de los tecnicismos legales, la rivalidad entre Musk y OpenAI se ha trasladado también al terreno público, con declaraciones cruzadas y críticas abiertas en redes sociales y comunicados oficiales.

    Con la desestimación de esta demanda, OpenAI gana una batalla importante. Sin embargo, la guerra legal y estratégica entre ambas partes está lejos de terminar.