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Etiqueta: Ray-Ban Meta Smart Glasses

  • Meta enfrenta demanda colectiva por la falta de privacidad de sus gafas inteligentes

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    Meta enfrenta de nuevo problemas judiciales por temas de privacidad

    La demanda no tardo en caer

    Hace tan solo unos días, informábamos acerca de un artículo en un periódico sueco que denunciaba que personal sub-contratado por Meta tuvo acceso a videos sensibles grabados por las gafas Ray-Ban Meta de sus clientes.

    Ahora, tan solo unos días después de la revelación, Meta Platforms enfrenta una demanda colectiva en Estados Unidos que acusa a la compañía de publicidad engañosa relacionada con sus gafas inteligentes desarrolladas junto a Ray-Ban.

    ¿Qué reprochan a Meta?

    La demanda sostiene que la empresa habría inducido a error a los consumidores sobre las funciones de privacidad del dispositivo, especialmente en lo referente al uso de datos para entrenar sus sistemas de inteligencia artificial.

    El caso fue presentado el miércoles en un tribunal federal de San Francisco por el despacho jurídico Clarkson Law Firm. En la demanda, dos compradores de las gafas, residentes de California y New Jersey, afirman que confiaron en las declaraciones de Meta sobre la protección de la privacidad y que no habrían adquirido el dispositivo de haber conocido cómo se utilizan realmente los datos capturados por las gafas.

    Las pruebas

    La controversia surgió después de que el periódico sueco Svenska Dagbladet informara que contratistas externos en Kenia revisan material capturado por las gafas como parte del proceso de etiquetado de datos utilizado para entrenar los modelos de IA de la compañía. Según el informe, algunos trabajadores habrían tenido acceso a contenido extremadamente sensible, incluyendo visitas al baño, encuentros sexuales y otros momentos privados grabados accidentalmente por los usuarios.

    ¿Cómo se defiende Meta?

    En su defensa, Meta confirmó que algunos datos pueden ser revisados por contratistas humanos, aunque afirmó que esto solo ocurre cuando los usuarios comparten contenido con sus servicios de inteligencia artificial. La empresa sostiene que, si los usuarios no comparten sus capturas con la IA de Meta, el contenido permanece almacenado únicamente en el dispositivo.

    Las gafas inteligentes, comercializadas bajo la marca Ray-Ban Meta Smart Glasses, incluyen funciones multi-modales impulsadas por Meta AI que permiten a los usuarios hacer preguntas sobre lo que están viendo en tiempo real mediante imágenes o video. Sin embargo, críticos señalan que para usar estas funciones es necesario enviar capturas del entorno a los servidores de la compañía, lo que abre la puerta a su revisión por parte de humanos durante el proceso de entrenamiento de los modelos.

    Los demandantes argumentan que la política de privacidad de Meta no menciona explícitamente el uso de revisores humanos, lo que, según la demanda, convierte las afirmaciones de privacidad de la empresa en “materialmente engañosas”. El documento también advierte que este sistema podría exponer a los usuarios a riesgos como acoso, robo de identidad, extorsión o daños reputacionales si información sensible fuera visualizada o filtrada.

    La demanda solicita compensaciones económicas para los afectados (¡Qué sorpresa!) y medidas judiciales que obliguen a Meta a modificar sus prácticas de recopilación y procesamiento de datos.

    El caso añade presión a Meta en un momento en que las grandes empresas tecnológicas están acelerando el desarrollo de dispositivos con inteligencia artificial integrada, una tendencia que plantea nuevos desafíos en torno a la privacidad y el manejo de datos personales.

  • Las gafas inteligentes de Ray-Ban Meta exponen momentos íntimos a revisores humanos

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    Las Ray-Ban Meta transmiten información que debería ser confidencial a revisores humanos

    Otro escándalo para la empresa de Mark Zuckerberg

    La inteligencia artificial en dispositivos «vestibles» (wearables en inglés) se perfila como la próxima gran frontera tecnológica. Gafas inteligentes como las Ray-Ban Meta Smart Glasses prometen grabar nuestra vida en modo manos libres e interactuar con el entorno mediante asistentes de IA. Pero una reciente investigación revela el alto costo oculto de esa comodidad: grabaciones íntimas y altamente sensibles están siendo vistas por revisores humanos a miles de kilómetros de distancia.

    Según un reportaje publicado por el diario sueco Svenska Dagbladet (SvD), fragmentos de video capturados por las gafas de Meta son enviados a contratistas externos en Nairobi, Kenia. Allí, trabajadores empleados por la subcontratista Sama revisan manualmente el material, dibujando recuadros alrededor de objetos para entrenar y mejorar los modelos de IA de la compañía.

    De escenas cotidianas a momentos profundamente privados

    El problema es que el contenido no se limita a escenas inocuas en primera persona. Según denunciantes citados en la investigación, los revisores han tenido acceso a escenas extremadamente privadas: personas usando el baño, caminando desnudas en sus hogares o manteniendo relaciones sexuales. En otros casos, información financiera sensible, como números de tarjetas de crédito, aparecía claramente visible en pantalla.

    Algunos trabajadores describieron situaciones en las que las gafas seguían grabando sin que las personas presentes lo supieran. En un caso, un hombre dejó las gafas sobre una mesa de noche mientras salía de la habitación; poco después, una mujer entró y se cambió de ropa frente a la cámara aún activa.

    Ambigüedad técnica y falta de transparencia

    Las gafas capturan video de dos maneras principales: grabación manual y activación del asistente mediante comandos de voz para que la IA identifique o analice lo que el usuario está mirando.

    Cuando se activa la IA, el material debe enviarse a los servidores de Meta para su procesamiento. Sin embargo, no está claro cuánto tiempo se graba o transmite tras la interacción. Si un usuario pregunta qué modelo de automóvil tiene delante, ¿la grabación se detiene inmediatamente tras recibir la respuesta o continúa durante varios segundos adicionales? Tampoco queda claro si parte del material grabado manualmente puede terminar en procesos de revisión humana.

    En teoría, existen filtros automáticos y sistemas de anonimización que deberían desenfocar la imagen de rostros y descartar escenas sensibles antes de que lleguen a revisores humanos. Pero los ex-empleados citados en la investigación reconocen que estos sistemas fallan con frecuencia, especialmente en condiciones de poca luz o cuando el contexto íntimo no es fácilmente identificable por un algoritmo.

    La respuesta de Meta y el debate legal

    Ante las preguntas de periodistas, Meta tardó dos meses en responder y finalmente se limitó a remitir a sus Términos de Servicio y Política de Privacidad. En dichos documentos se indica que puede producirse una revisión “automática o manual (humana)” cuando se interactúa con funciones de IA.

    En la práctica, esto traslada la responsabilidad al usuario: evitar grabar o compartir información sensible. Sin embargo, expertos en protección de datos advierten que transferir datos personales de usuarios europeos a trabajadores externos en Kenia podría entrar en conflicto con las estrictas normas de transparencia del Reglamento General de Protección de Datos (GDPR) de la Unión Europea.

    Un patrón que se repite en la industria

    El caso recuerda al escándalo de 2019 que involucró a Apple, cuando se reveló que contratistas externos escuchaban grabaciones de Siri para mejorar la precisión del asistente de voz. Aquellos revisores terminaron oyendo conversaciones médicas privadas, transacciones ilegales y encuentros íntimos, lo que generó fuertes críticas y acuerdos de compensación millonarios.

    Hoy, mientras las grandes tecnológicas compiten por integrar la IA en todo tipo de dispositivos, desde gafas hasta auriculares con cámara y nuevos formatos portátiles, la dependencia del trabajo humano para entrenar algoritmos sigue siendo una realidad incómoda.

    Hasta que las empresas puedan garantizar que sus sistemas de protección automáticos funcionan realmente y que los usuarios comprenden con total claridad qué es lo que se graba, durante cuánto tiempo se almacena y quién puede verlo, la adopción temprana de estos dispositivos podría implicar un intercambio inquietante: comodidad tecnológica a cambio de nuestros momentos más vulnerables.