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Categoría: Espacio

Noticias relacionadas con el espacio

  • La NASA ahora apuesta por una base lunar de 20 billones de dólares y misiones a Marte

    Cambio de planes: La NASA ahora apuesta por una base lunar de 20 billones de dólares y misiones a Marte
    Cambio de planes: La NASA ahora apuesta por una base lunar de 20 billones de dólares y misiones a Marte

    Adiós a Lunar Gateway

    En un giro estratégico sorprendente, la NASA ha decidido abandonar sus planes para la estación orbital Lunar Gateway, para en su lugar, construir una base permanente en la superficie de la Luna con una inversión estimada de 20 mil millones de dólares.

    El anuncio fue realizado por el administrador de la agencia, Jared Isaacman, durante el evento “Ignition”. Este cambio redefine el programa Artemis, pausando el proyecto Gateway “en su forma actual” y reutilizando parte de su tecnología. La decisión responde tanto a razones logísticas como a la creciente presión geopolítica en la nueva carrera espacial.

    El interés público ha sido inmediato. Una nueva cuenta en X dedicada a la futura base lunar ha acumulado rápidamente decenas de miles de seguidores. Estados Unidos quiere establecer una presencia humana permanente en la Luna y sentar las bases para futuras misiones a Marte.


    Una arquitectura más simple para una misión compleja

    Desde el punto de vista técnico, construir directamente en la superficie lunar ofrece ventajas frente a una estación orbital. Aunque aterrizar en la Luna sigue siendo un reto, una base elimina la necesidad de complejas maniobras orbitales y el constante traslado de tripulaciones entre órbita y superficie.

    Sin embargo, sobrevivir en la Luna implica superar desafíos extremos:

    • Temperaturas severas
    • Radiación espacial
    • Impactos de micrometeoritos
    • Baja gravedad que afecta huesos y músculos

    Para enfrentar estos retos, la NASA ha diseñado una estrategia en tres fases que requerirá decenas de lanzamientos y una inversión de 20 mil millones de dólares en los próximos siete años:

    Fase 1: Pioneros robóticos

    Se desplegarán sistemas de comunicación y navegación, junto con módulos robóticos y rovers. Esta etapa estará impulsada por el programa «Commercial Lunar Payload Services», que involucra a empresas privadas.

    Fase 2: Módulos semihabitables

    Con apoyo de socios internacionales como JAXA (la agencia espacial japonesa), se instalarán módulos que permitirán misiones tripuladas de corta duración.

    Fase 3: Infraestructura permanente

    Se establecerá una presencia humana continua mediante el envío regular de carga desde la Tierra, convirtiendo la base en un puesto operativo estable.


    La presión de la nueva carrera espacial

    El cambio de estrategia también responde a la creciente competencia con China. Durante su intervención, Jared Isaacman advirtió que el país asiático cuenta con la capacidad y determinación para desafiar el liderazgo estadounidense en el espacio.

    China ya trabaja en su propia estación lunar, el programa International Lunar Research Station, con el objetivo de llevar humanos a la Luna antes de 2030.

    Con el regreso tripulado de la NASA previsto para 2028 dentro de Artemis, la presión es evidente. “El tiempo corre en esta competencia entre potencias”, señaló Isaacman.


    Para llegar a Marte, energía nuclear y nuevas misiones

    Más allá de la Luna, la NASA mantiene su objetivo final que es llegar a Marte. La agencia planea lanzar para el 2028 la nave Space Reactor-1 Freedom, que sería el primer vehículo interplanetario impulsado por energía nuclear.

    Una vez en el planeta rojo, desplegará tecnología avanzada, incluyendo helicópteros autónomos basados en el éxito del dron Ingenuity, que logró el primer vuelo controlado en Marte en 2021.


    Una década decisiva para la exploración espacial

    Con una base permanente en la Luna y misiones de propulsión nuclear rumbo a Marte, la NASA deja claro que la próxima década será una de las más ambiciosas en la historia de la exploración espacial. Este cambio no solo redefine su estrategia, sino que también marca el inicio de una nueva era en la carrera espacial global.

  • TERAFAB: el loco plan de Elon Musk para construir un imperio galáctico de IA

    SpaceX
    SpaceX, la empresa de Elon Musk

    Otra apuesta imposible

    Elon Musk vuelve a apostar a lo imposible, una estrategia que funciono bien en el pasado pero que últimamente ha resultado cada vez menos creíble para el público en general. En una presentación reciente, el empresario anunció TERAFAB, un proyecto de hasta 25,000 millones de dólares que busca revolucionar la producción de chips y llevar la computación de inteligencia artificial al espacio.

    La iniciativa une a Tesla, SpaceX y xAI en una sola visión: crear la mayor fábrica de semiconductores del mundo y desplegar potencia computacional a escala planetaria… y más allá.

    Una mega fábrica para resolver la escasez de chips

    El proyecto contempla la construcción de una “Fábrica de Tecnologia Avanzada” en Texas, capaz de producir hasta 50 veces más chips que la industria actual.

    Según Musk, sus empresas enfrentan un grave problema:

    • La industria global solo cubre el 2% de sus necesidades futuras
    • Empresas como NVIDIA, TSMC y Samsung no pueden escalar lo suficiente

    “Construimos TERAFAB o nos quedamos sin chips”, afirmó.

    Dos tipos de chips, terrestres y espaciales

    El plan incluye dos líneas de producción:

    Chips terrestres

    • Enfocados en inferencia de IA
    • Alimentarán el sistema de conducción autónoma de Tesla
    • Impulsarán robots humanoides como Optimus

    Chips espaciales

    • Diseñados para soportar radiación y temperaturas extremas
    • Pensados para centros de datos en órbita
    • Integrados en satélites de SpaceX

    El salto al espacio: centros de datos orbitales

    El objetivo final es desplegar hasta 1 teravatio de capacidad computacional en el espacio.

    La idea:

    • Usar energía la energía solar constante y gratuita
    • Aprovechar el vacío para refrigerar naturalmente las computadoras
    • Crear una red masiva de satélites de centros de datos

    Esto conecta con la creciente tendencia de planear trasladar la infraestructura de IA fuera de la Tierra. Claro que una cosa es decirlo y otra lograrlo.

    El gran obstáculo: la fabricación avanzada

    Musk afirma que TERAFAB alcanzará procesos de fabricación de 2 nanómetros, compitiendo con líderes como TSMC.

    Pero hay un problema crítico:

    • La tecnología EUV para grabar esos chips es esencial
    • Solo la empresa neerlandesa ASML fabrica estas máquinas
    • Cada unidad cuesta cientos de millones y hay una larga lista de espera (de años)

    Además, la escasez de recursos como el helio complica aún más el panorama.

    El reto logístico de lanzar miles de cohetes

    Incluso si los chips se fabrican, llevarlos al espacio es otro desafío monumental.

    Para alcanzar sus objetivos, Musk necesitaría:

    • Enviar hasta 10 millones de toneladas de carga al espacio al año
    • Lograr decenas de miles de lanzamientos anuales, lo que representa lanzar cohetes cada pocos minutos
    • Esto generaría una contaminación ambiental gigantesca

    Actualmente, SpaceX está muy lejos de ese ritmo.

    La (falta) de seguridad de los centros de datos en el espacio

    Hace poco supimos que un misil iraní había destruido parcialmente un centro de datos de AWS en el Golfo Pérsico.

    Poner centros de datos en el espacio los haría aún más vulnerables. Ya existen misiles capaces de destruir satélites en el espacio. En caso de conflicto, el uso de esos misiles podría acabar fácilmente con esos centros de datos y llenar el espacio de basura que impediría usar satélites por siempre.

    ¿Visión real o estrategia financiera?

    El anuncio llega en un momento clave: la posible salida a bolsa de la entidad combinada de SpaceX y xAI.

    Algunos analistas ven TERAFAB como:

    • Una visión a largo plazo
    • Una narrativa para aumentar la valoración de sus empresas
    • Publicidad (¿engañosa?) para generar interés antes de un IPO (lanzamiento en bolsa) histórico

    Elon Musk, entre la genialidad y el exceso

    El historial de Musk es mixto:

    Aun así, su capacidad para convertir ideas radicales en realidad mantiene el interés del mercado.

    Más allá de la Tierra, la visión final de Elon Musk

    Musk ya mira aún más lejos:

    • Fabricación de chips en la Luna
    • Computación a escala del sistema solar
    • Infraestructura energética y de datos fuera del planeta

    Inspirado en la ciencia ficción, su objetivo declarado es construir una civilización multiplanetaria impulsada por la IA.

    ¿El futuro o una ilusión?

    TERAFAB representa una de las apuestas más ambiciosas en la historia de la tecnología.

    Puede ser:

    • El inicio de una nueva era industrial
    • O un proyecto inviable a corto y mediano plazo

    En el mejor de los casos, Elon Musk ya no piensa solo en transformar la Tierra sino en rediseñar el futuro desde el espacio. En el peor, quiere seguir amasando fortunas engañando a sus accionistas.

  • Blue Origin quiere llevar la IA al espacio con centros de datos orbitales

    Blue Origin quiere competir por llevar la IA a centros de datos orbitales
    Blue Origin quiere competir por llevar la IA a centros de datos orbitales

    Todos quieren llevar los centros de datos al espacio

    Ante el crecimiento imparable de la inteligencia artificial y su enorme consumo de energía, Blue Origin, la compañía espacial de Jeff Bezos, se une a la carrera por trasladar los centros de datos fuera de la Tierra.

    “Project Sunrise”: centros de datos en órbita

    En una reciente solicitud ante la Federal Communications Commission, la empresa reveló su plan para desplegar hasta 51,600 satélites como parte de “Project Sunrise”.

    El objetivo: crear una nueva capa de infraestructura informática en el espacio capaz de soportar la creciente demanda global de IA, sin depender de los recursos terrestres.

    Romper el límite energético de la Tierra

    El auge de tecnologías como la IA generativa y el uso de agentes está llevando al límite:

    • Redes eléctricas
    • Espacio físico disponible
    • Costos de infraestructura

    Según Blue Origin, los centros de datos orbitales permitirían superar estas limitaciones gracias a:

    • Energía solar constante en el espacio
    • Eliminación de costes de terreno
    • Menor dependencia de infraestructuras terrestres

    Esto podría reducir significativamente los costos.

    Cómo funcionaría la red de satélites

    El proyecto plantea una arquitectura altamente estructurada:

    • Satélites en órbitas heliosíncronas
    • Altitudes entre 500 y 1,800 km
    • Separación de pocos kilómetros entre unidades

    Los satélites se comunicarían mediante enlaces ópticos avanzados, mientras que la transmisión de datos hacia la Tierra dependería de otro proyecto de la compañía: TeraWave.

    Una nueva carrera espacial por la IA

    Con este movimiento, Blue Origin entra en competencia directa con SpaceX, la empresa de Elon Musk.

    SpaceX ya ha solicitado permisos para desplegar hasta un millón de satélites con el mismo objetivo.

    Esto marca el inicio de una nueva carrera espacial, no por la exploración, sino por el control de la infraestructura digital del futuro.

    Grandes desafíos técnicos y regulatorios

    A pesar de su ambición, el proyecto enfrenta importantes obstáculos:

    • La tecnología de centros de datos espaciales aún no está madura
    • Condiciones extremas del espacio (radiación, temperatura)
    • Costes de lanzamiento y mantenimiento
    • Regulación internacional pendiente (ITU)
    • Sistemas muy vulnerables en caso de conflicto bélico

    Además, proyectos clave como TeraWave aún no han sido desplegados, y el cohete New Glenn no está totalmente probado.

    ¿Visión futurista o exceso de ambición?

    Expertos del sector se muestran escépticos sobre la viabilidad a corto plazo. La eficiencia real de los centros de datos en órbita sigue siendo debatida, y los riesgos técnicos son elevados.

    El futuro de la computación podría estar en el espacio

    Más allá de su viabilidad inmediata, el proyecto refleja una tendencia clara: la infraestructura digital está superando los límites físicos de la Tierra.

    Si iniciativas como esta prosperan, podríamos ver una nueva era donde:

    • Los centros de datos orbitan el planeta
    • La energía solar espacial alimenta la IA
    • El espacio se convierte en la próxima gran plataforma tecnológica

    Por ahora, “Project Sunrise” es una apuesta audaz. Pero en un mundo impulsado por la inteligencia artificial, incluso las ideas más futuristas empiezan a parecer inevitables.

  • Un simple error de software condenó la misión Lunar Trailblazer

    Espacio
    En el espacio los errores se pagan caro, como lo demostró el proyecto Lunar Trailblazer

    Un error absurdo

    En la industria espacial existe una broma recurrente: gastar miles de millones para enviar un telescopio de última generación al espacio y descubrir demasiado tarde que alguien olvidó quitar la tapa del lente. Para la misión Lunar Trailblazer de NASA, un fallo casi igual de absurdo terminó convirtiéndose en una realidad de 72 millones de dólares.

    La sonda fue diseñada para mapear y estudiar el agua en la superficie de la Luna. Despegó el 26 de febrero de 2025desde el Kennedy Space Center en Florida, viajando como carga secundaria a bordo de un cohete Falcon 9 de SpaceX, como parte de la misión del módulo lunar IM-2 de Intuitive Machines.

    Aproximadamente 48 minutos después del lanzamiento, el satélite se separó del cohete exactamente según lo previsto y los controladores de la misión lograron establecer comunicación.

    Pero un día después, la nave dejó de responder.

    Tras meses de intentos infructuosos por restablecer el contacto, la NASA declaró oficialmente perdida la misión durante el verano. Ahora, gracias a un informe de revisión de la agencia obtenido mediante una solicitud de acceso a la información, se conoce la causa exacta: la nave literalmente le dio la espalda al Sol.

    Un error de software fatal

    Según el informe, un fallo en el software provocó que los paneles solares de la nave apuntaran 180 grados en dirección opuesta al Sol. Sin recibir energía solar, el satélite entró rápidamente en un “estado frío”, perdiendo energía y control de orientación poco después del lanzamiento.

    En la exploración espacial, sin embargo, los fracasos catastróficos rara vez se deben a un solo error. El informe explica que el fallo del software se vio agravado por múltiples acciones incorrectas del sistema de gestión de fallos a bordo.

    “Cualquier anomalía individual podría haberse recuperado con suficiente tiempo, pero la combinación de todas ellas fue imposible de superar”, concluyó el panel de revisión.

    Fallos de prueba antes del lanzamiento

    El informe también señala el origen del problema en la fase de desarrollo. La nave fue diseñada y construida por Lockheed Martin, seleccionada en 2020 para fabricar la sonda.

    Los investigadores concluyeron que no se realizaron pruebas suficientes de la sincronización de los paneles solares antes del lanzamiento. Un test completo de extremo a extremo habría detectado el error en el código de vuelo, permitiendo corregirlo antes de que la nave abandonara la Tierra.

    Un golpe para la ciencia lunar

    La pérdida supone un revés importante para la ciencia lunar. Lunar Trailblazer estaba destinada a convertirse en una misión clave para el programa Artemis de la NASA, cuyo objetivo es establecer una presencia humana sostenida en la Luna.

    Equipado con dos instrumentos científicos avanzados, el satélite habría estudiado la forma, cantidad y distribución del agua lunar, además de analizar cómo las propiedades térmicas de la superficie influyen en su evolución con el tiempo.

    “Fue devastador que la nave no lograra llegar a la Luna para cumplir su misión científica de cartografiar el agua”, afirmó la científica planetaria Bethany Ehlmann, investigadora principal del proyecto.

    Aun así, la tecnología desarrollada no se perderá. La NASA ya ha seleccionado un espectrómetro prácticamente idéntico para una futura misión orbital.

    Los riesgos de las misiones de bajo costo

    El fracaso también pone de relieve el lado oscuro de la estrategia reciente de la NASA de apostar por misiones más baratas y rápidas.

    Lunar Trailblazer formaba parte del programa SIMPLEx (Small Innovative Missions for Planetary Exploration), una categoría de misiones de bajo costo —clasificadas como Clase D— que aceptan mayores riesgos a cambio de desarrollos más rápidos y presupuestos reducidos.

    Pero el historial reciente del programa ha sido complicado. Varias misiones han sufrido problemas, entre ellas:

    • Q-PACE, que perdió contacto poco después del lanzamiento
    • LunaH-Map, cuyo sistema de propulsión nunca se activó correctamente
    • Janus, que fue cancelada antes de su ejecución

    El informe reconoce que la presión de costes y calendario contribuyó a la acumulación de errores en Lunar Trailblazer.

    Riesgos calculados… no imprudentes

    El experto espacial Scott Hubbard, veterano de la NASA ahora en Stanford University, explica que aceptar riesgos forma parte de la filosofía de las misiones Clase D, pero advierte que existe una línea clara entre riesgos calculados y descuidos.

    “La idea de Clase D era aceptar el riesgo de que los resultados científicos no fueran tan precisos como se esperaba”, señaló Hubbard. “No significaba que la misión completa pudiera fallar. Hay que asumir riesgos mitigados y comprendidos, no riesgos imprudentes”.

    Lecciones para futuras misiones

    Tanto la NASA como Lockheed Martin aseguran que ya están aplicando las lecciones aprendidas de Trailblazer, mejorando los sistemas de gestión de fallos y los procedimientos de prueba previos al lanzamiento.

    Estas lecciones ya se están poniendo a prueba con EscaPADE, otra misión de Clase D compuesta por dos sondas lanzadas en noviembre para estudiar la atmósfera de Mars.

    Su investigador principal, Robert Lillis, recordó el momento de tensión cuando las naves no se comunicaron dentro del plazo esperado tras el lanzamiento.

    “Mi mente fue inmediatamente a Trailblazer”, dijo. “Sentí una sensación terrible en el estómago”.

    Afortunadamente, el problema era mucho más simple: las antenas terrestres estaban apuntando en la dirección equivocada. Seis horas después del lanzamiento, al corregir la orientación, las señales aparecieron.

    “Fue un alivio como nunca había sentido en mi vida”, explicó Lillis.

    Actualmente, EscaPADE se dirige sin problemas hacia Marte, donde llegará el próximo septiembre. Mientras tanto, Lunar Trailblazer queda como un recordatorio caro de que, en el espacio, incluso las misiones más económicas requieren una atención absoluta a los más mínimos detalles.

  • Europa logra una conexión vía láser de 2,6 Gbit/s entre un avión y el espacio

    Disfrutar de una conexión a Internet en pleno vuelo con la misma fluidez que una fibra óptica doméstica ya no parece ciencia ficción. Aunque actores como SpaceX han revolucionado el Wi-Fi a bordo de los aviones con su constelación Starlink, Europa acaba de dar un paso histórico para reforzar su soberanía tecnológica.

    La Agencia Espacial Europea (ESA), en colaboración con Airbus Defence and Space, el instituto neerlandés TNO y el fabricante alemán TESAT, ha conseguido una primicia mundial: establecer un enlace láser de muy alta velocidad entre un avión en vuelo y un satélite geoestacionario.


    2,6 Gbit/s a 36.000 kilómetros de altura

    Durante vuelos de prueba sobre Nîmes (Francia), el sistema de comunicaciones láser UltraAir de Airbus logró conectarse al satélite Alphasat TDP-1, situado a 36.000 kilómetros de la Tierra.

    El resultado: una transmisión de datos sin errores a una velocidad de 2,6 gigabits por segundo (Gbit/s) mantenida durante varios minutos.

    A esa velocidad , superior a muchas conexiones de fibra convencionales, descargar una película en muy alta definición tomaría apenas unos segundos.


    Un desafío técnico de precisión extrema

    Establecer un enlace óptico a semejante distancia es comparable a un disparo de francotirador desde miles de kilómetros.

    El avión se desplaza a gran velocidad, su estructura vibra constantemente y el haz del láser debe atravesar nubes y múltiples perturbaciones atmosféricas. A pesar de ello, la tecnología UltraAir demostró una estabilidad notable, abriendo la puerta a una nueva generación de telecomunicaciones para aeronáutica, transporte marítimo y regiones remotas.


    ¿Por qué usar un láser? Más seguridad y mayor ancho de banda

    Con la órbita terrestre cada vez más congestionada y las frecuencias de radio acercándose a la saturación, la comunicación óptica surge como alternativa estratégica.

    Según Josef Aschbacher, director general de la ESA, los haces láser ofrecen:

    • Mayor concentración de señal
    • Ancho de banda masivo
    • Seguridad muy superior

    Al propagarse en haces extremadamente estrechos, resultan prácticamente imposibles de interceptar o interferir, lo que los convierte en una herramienta clave para aplicaciones militares y estratégicas.

    El avance forma parte del programa ScyLight de la ESA, dedicado a comunicaciones ópticas y cuánticas. Para responsables como Laurent Jaffart y Kees Buijsrogge, este logro refuerza significativamente la autonomía tecnológica europea.


    El desafío pendiente: la latencia

    Existe, no obstante, una limitación física. El satélite utilizado es geoestacionario y opera a 36.000 km de altitud, lo que implica mayor latencia frente a constelaciones situadas en órbita baja (entre 300 y 550 km).

    Para descargas masivas o streaming de video, el impacto es prácticamente irrelevante. Sin embargo, en usos que requieren respuesta inmediata —como videojuegos en línea o ciertas comunicaciones críticas— el retraso puede ser perceptible.


    El futuro: redes ópticas espaciales

    A largo plazo, estas conexiones láser podrían integrarse en redes satelitales más amplias, como el futuro sistema óptico de alta velocidad HydRON de la ESA o en plataformas pseudo-satélite de gran altitud (HAPS).

    Al demostrar que es posible enlazar de forma fiable una aeronave con el espacio profundo mediante láser, Europa sienta las bases de las telecomunicaciones espaciales del futuro. Una revolución silenciosa, a la velocidad de la luz, que ahora solo necesita financiación y despliegue a gran escala para transformar el mercado comercial y de defensa en las próximas décadas.