
Un error absurdo
En la industria espacial existe una broma recurrente: gastar miles de millones para enviar un telescopio de última generación al espacio y descubrir demasiado tarde que alguien olvidó quitar la tapa del lente. Para la misión Lunar Trailblazer de NASA, un fallo casi igual de absurdo terminó convirtiéndose en una realidad de 72 millones de dólares.
La sonda fue diseñada para mapear y estudiar el agua en la superficie de la Luna. Despegó el 26 de febrero de 2025desde el Kennedy Space Center en Florida, viajando como carga secundaria a bordo de un cohete Falcon 9 de SpaceX, como parte de la misión del módulo lunar IM-2 de Intuitive Machines.
Aproximadamente 48 minutos después del lanzamiento, el satélite se separó del cohete exactamente según lo previsto y los controladores de la misión lograron establecer comunicación.
Pero un día después, la nave dejó de responder.
Tras meses de intentos infructuosos por restablecer el contacto, la NASA declaró oficialmente perdida la misión durante el verano. Ahora, gracias a un informe de revisión de la agencia obtenido mediante una solicitud de acceso a la información, se conoce la causa exacta: la nave literalmente le dio la espalda al Sol.
Un error de software fatal
Según el informe, un fallo en el software provocó que los paneles solares de la nave apuntaran 180 grados en dirección opuesta al Sol. Sin recibir energía solar, el satélite entró rápidamente en un “estado frío”, perdiendo energía y control de orientación poco después del lanzamiento.
En la exploración espacial, sin embargo, los fracasos catastróficos rara vez se deben a un solo error. El informe explica que el fallo del software se vio agravado por múltiples acciones incorrectas del sistema de gestión de fallos a bordo.
“Cualquier anomalía individual podría haberse recuperado con suficiente tiempo, pero la combinación de todas ellas fue imposible de superar”, concluyó el panel de revisión.
Fallos de prueba antes del lanzamiento
El informe también señala el origen del problema en la fase de desarrollo. La nave fue diseñada y construida por Lockheed Martin, seleccionada en 2020 para fabricar la sonda.
Los investigadores concluyeron que no se realizaron pruebas suficientes de la sincronización de los paneles solares antes del lanzamiento. Un test completo de extremo a extremo habría detectado el error en el código de vuelo, permitiendo corregirlo antes de que la nave abandonara la Tierra.
Un golpe para la ciencia lunar
La pérdida supone un revés importante para la ciencia lunar. Lunar Trailblazer estaba destinada a convertirse en una misión clave para el programa Artemis de la NASA, cuyo objetivo es establecer una presencia humana sostenida en la Luna.
Equipado con dos instrumentos científicos avanzados, el satélite habría estudiado la forma, cantidad y distribución del agua lunar, además de analizar cómo las propiedades térmicas de la superficie influyen en su evolución con el tiempo.
“Fue devastador que la nave no lograra llegar a la Luna para cumplir su misión científica de cartografiar el agua”, afirmó la científica planetaria Bethany Ehlmann, investigadora principal del proyecto.
Aun así, la tecnología desarrollada no se perderá. La NASA ya ha seleccionado un espectrómetro prácticamente idéntico para una futura misión orbital.
Los riesgos de las misiones de bajo costo
El fracaso también pone de relieve el lado oscuro de la estrategia reciente de la NASA de apostar por misiones más baratas y rápidas.
Lunar Trailblazer formaba parte del programa SIMPLEx (Small Innovative Missions for Planetary Exploration), una categoría de misiones de bajo costo —clasificadas como Clase D— que aceptan mayores riesgos a cambio de desarrollos más rápidos y presupuestos reducidos.
Pero el historial reciente del programa ha sido complicado. Varias misiones han sufrido problemas, entre ellas:
- Q-PACE, que perdió contacto poco después del lanzamiento
- LunaH-Map, cuyo sistema de propulsión nunca se activó correctamente
- Janus, que fue cancelada antes de su ejecución
El informe reconoce que la presión de costes y calendario contribuyó a la acumulación de errores en Lunar Trailblazer.
Riesgos calculados… no imprudentes
El experto espacial Scott Hubbard, veterano de la NASA ahora en Stanford University, explica que aceptar riesgos forma parte de la filosofía de las misiones Clase D, pero advierte que existe una línea clara entre riesgos calculados y descuidos.
“La idea de Clase D era aceptar el riesgo de que los resultados científicos no fueran tan precisos como se esperaba”, señaló Hubbard. “No significaba que la misión completa pudiera fallar. Hay que asumir riesgos mitigados y comprendidos, no riesgos imprudentes”.
Lecciones para futuras misiones
Tanto la NASA como Lockheed Martin aseguran que ya están aplicando las lecciones aprendidas de Trailblazer, mejorando los sistemas de gestión de fallos y los procedimientos de prueba previos al lanzamiento.
Estas lecciones ya se están poniendo a prueba con EscaPADE, otra misión de Clase D compuesta por dos sondas lanzadas en noviembre para estudiar la atmósfera de Mars.
Su investigador principal, Robert Lillis, recordó el momento de tensión cuando las naves no se comunicaron dentro del plazo esperado tras el lanzamiento.
“Mi mente fue inmediatamente a Trailblazer”, dijo. “Sentí una sensación terrible en el estómago”.
Afortunadamente, el problema era mucho más simple: las antenas terrestres estaban apuntando en la dirección equivocada. Seis horas después del lanzamiento, al corregir la orientación, las señales aparecieron.
“Fue un alivio como nunca había sentido en mi vida”, explicó Lillis.
Actualmente, EscaPADE se dirige sin problemas hacia Marte, donde llegará el próximo septiembre. Mientras tanto, Lunar Trailblazer queda como un recordatorio caro de que, en el espacio, incluso las misiones más económicas requieren una atención absoluta a los más mínimos detalles.

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